jueves, 13 de agosto de 2015

Perseidas

Las perseidas que iluminaban nuestros rostros,
los gritos que desbordaban sonrisas en forma de presagio,
el tiempo y un espíritu adormecido,
y de repente tú,
tu azul, tu franqueza, tu averiguar,
la comodidad de los que se entienden,
la terapia del bramido animal rodeada de fogatas,
la danza liberadora con ritmos latinos,
poder desaparecer sin preguntas, aparecer sin que te llamen,
dormir la siesta en tu sofá y comerme tus cruasanes,
volverme una puta cotorra cansina y que me aguantes,
adorar cómo sonríen tus ojos cuando dices mi nombre,
abrazarte con fuerza y olvidarme de cuánto pesa el alma,
que seas la pequeña diablilla que nunca me deja caer al infierno,
y que une sus arrebatos con los míos para llevarlos a la acción,
mientras nos sentimos seguras y nos quedamos tan panchas,
culpando de todas nuestras travesuras al cambio lunático,
a las estrellas fugaces que decidieron unir nuestros días.